Bienpensante


10
June 4, 2009, 5:48 pm
Filed under: ficción, idealismo, pop

Habíamos salido a comer los tres, aprovechando que D. se iba a quedar un tiempo más. Charlamos como siempre, como si él nunca se hubiera ido, S. se moría de risa con D. que lograba hacerla reír casi solamente a ella y a mi. No era un tipo gracioso, o más bien, no quería ser gracioso, pero tenia una veta así que cuando se relajaba, cuando apagaba un poco ese mecanismo de defensa complejisimo que tenia, era muy gracioso. En un momento de risa S. pidió que saliéramos del restaurant y camináramos hasta el cabaret que había a una cuadra. No me acuerdo como se llamaba, ella sabía. D. estaba tomando agua en la copa y casi escupe todo, yo casi me atraganto con el helado. S. estalló en risas y nos agarro para que nos fuéramos. Pagó ella (era la única imposición “me llevan a donde quieran a comer, pero me dejan pagar“) con su Amex dorada y salimos. Era un otoño fresco, caminamos por la calle con nuestros abrigos, todavía riéndonos de algo que había dicho S. D. y yo no sabíamos que esperar o justamente, sí sabíamos que esperar, por eso nos preocupaba S. que (pensábamos) no sabia donde se metía. Ella encaro a los tipos de la puerta, ella arreglo el precio de la entrada, ella nos hizo pasar. Todo así, en un minuto. Entramos. Era martes a la madrugada, estaba casi lleno. Alrededor de 70 minas todas casi en bolas, revoloteaban por ahí. La mayoria estaban “más buenas que la vacaciones” segun le dije a D. Él asintió. Yo estaba más incomodo todavía que D. Yo entraba con mi novia de años ahí. D. me miraba raro. Nos sentamos en la barra, justo abajo de un caño donde bailaba una rubia especialmente linda, a la que S. no le saco la vista de encima. Saco de la billetera casi todos los billetes chicos, nos dio un par a cada uno y se quedo con el resto. Estábamos los dos, uno a cada costado de ella. Hablabamos, ella se reía mucho y nos daba billetes chicos cuando se nos acababan. La stripper se llevo una muy buena propina, se los ponia en el liguero, en el bretel, en la bombacha. A D. y a mi, cada tanto, se nos acercaba una de estas chicas, que al fin y al cabo de esto trabajaban y siempre se interponía S. Nos agarraba del brazo, hablaba con la chica y le hacia preguntas sobre cuanto cobraba, si hacía mucho que estaba en esto. Cuando la mesera se acercaba y preguntaba “quiere invitarle una copa a la srta.?” S. lo miraba a D. y le volvía a preguntar lo mismo, sacando la billetera. D. decía invariablemente que no. Intuyo que quería pasar antes con la mesera (que era mucho más de nuestro estilo) que con las tremendas chicas que se acercaban. Una de las tantas chicas que se acercó, después de un rato de charla, le dijo a S. tocandole la mejilla, que les hacia descuento si ella iba con ellos. Escuche todo esto pasmado, tomando el whisky que me sirvieron. D. me miró de reojo, entre risas y espanto y S. toda colorada le dijo: “me encantaría, pero hoy vine con alguien” y se me acerco y me dio un beso raro, con mucha lengua, como casi nunca me daba. D. le dijo gracias y la chica se fue. S. se dio vuelta, no encontró a la chica y le dijo a D: “la despachaste!“. D. la agarro, la trajo contra sí y le dijo algo al oído. S. se rió pero no con fuerzas, sino queriendo enseriarse. Le dijo: “Bueno, dale” y salimos, ella tomada de los brazos de cada uno de nosotros, al frío de la calle.


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