Bienpensante


87
July 22, 2009, 9:25 pm
Filed under: ficción, idealismo, pop

Fébrero 12, 2042:

Nos enteramos que el biógrafo de D. iba a ser Sergio Lipdic casi al mismo tiempo. Sandra (ahora puedo nombrarla) me llamó y me pregunto que me parecía, dandome a entender, claro, que ya sabia lo que pensaba y que ella pensaba lo mismo que yo. Me quedé un par de segundos impávido. No me llamaba hacía tres meses.
Cuando la figura de D. empezó a cobrar notoriedad a mediados del ’30, supusimos que la biografía (si es que acaso alguien fuera a publicar alguna) iba a estar escrita por alguno de sus amigos escritores: Gabriel Diulini, Roberto Bernal O’Donnell o Guillermo Bustillo. Ellos que también habían sido compañeros mios en algún tramo de la facultad, sin embargo, jamas expresaron la intención de hacerlo. O’Donnell era la primera opción: conocía a D. casi tanto como nosotros, pero desde que se radico en Brasil corto sus antiguos nexos con Buenos Aires y decía deplorar la historia intelectual en su conjunto. As you wish pensé, cuando corte el videochat que habíamos armado. La cosa quedó en nada. No tenia forma de contactar a Bustillo o Diulini para preguntarles, aunque, de vez en cuando aparecieran en algún lugar común a todos nosotros.
Quién primero me notificó lo de Lipdic fue Gonzalo desde NY. Lipdic lo llamo para pedirle acceso a unos archivos que D. se había dejado en uno de los deptos que compartieron, sin darle muchos mas detalles. Gonzalo ya no los tenia. Se los había mandado a un server que D. abría en el despacho que supo tener en New Haven y no supo si alguna vez volvió a acceder a ellos. Le conté esto a Sandra, que estaba enardecida. Lipdic no trato nunca a D. y D. lo odiaba profundamente, o al menos eso expresaba en las reuniones con gente que teníamos y eso me han dicho algunos de nuestros amigos de esa época (cuando teníamos veintipico). Decir que lo odiaba profundamente es una exageración, en realidad. Lipdic era un poco mayor que nosotros, iba a la facultad y era todo lo contrario a D. Un tipo sin reservas, sin pruritos y con muchas pretensiones. No podía llevarse bien nunca con D., aunque tenían amigos en común y muchos admiraban bastante a Lipdic, a pesar de los comentarios irredentos de D. Que él lo biografiara era inevitable, por otra parte. Iba a “poetizar” la mitad de las cosas, hacer más atractivos los momentos más chatos de su vida (los que había que indagar seriamente) e inventar lo que no supiera. A mi (y esto tuve que explicarle a Sandra) no me asustaba que aparecieran dardos venenosos de ningún tipo. Lipdic ignoraba a D. la mayoría del tiempo, no iba a decir nada de D. por eso era inaceptable que fuera justo él su biógrafo.
Sandra, ignorando mi bloqueo -hace seis meses que no puedo escribir una sola letra, mi disco esta frenado- y este cuaderno, me pidió que me pusiera yo a escribir sobre él, que ya íbamos a encontrar una forma de publicarlo.


2 Comments so far
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2 ufas:

1ufa, sho no aparezco!

2ufa. esto significa que la historia se termina?

Saludos!

Comment by mauro

Nadie “aparece”, o todos, esa es la gloria de la ficcion. La historia nunca empezó ¿por qué habría de terminarse?

Comment by Dam




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