Bienpensante


18
November 19, 2009, 1:19 am
Filed under: ficción, idealismo, pop

D. tenia un amigo psiquiatra. Alguien que yo vi pocas veces, un hijo de gallegos que había ido al colegio inglés donde fue todo ese grupo de gente y que se siguió viendo con D. mucho tiempo. Se llamaba Nicolás y según pude averiguar, llego a ser jefe del servicio de Psicopatología del hospital Ramos Mejia. Él fue el que le receto los ansiolíticos a D. cuando teníamos 27, 28 años. Yo fui el que le pregunte al tipo si sabia lo que hacia.
Este Nicolás, por su parte, era un espécimen raro en ese colegio, o al menos así lo entendí según las anécdotas que D.  contaba sobre las compañeritas de colegio que se cogia este pibe. El colegio inglés de Flores era como el reducto de todos aquellos padres angloparlantes que no podían llevar a sus hijos al colegio inglés oficial (el que estaba en Barrancas de Belgrano) y que optaban por este que era más barato, más cerca de sus casas y que permitía que sus hijos mantuvieran cierto apego con lo anglo, sin contaminarse con la aristocracia inglesa que merodeaba Buenos Aires. Para decirlo claro, era un colegio lleno de  hijos de irlandeses y escoceses. De hecho, las tres mejores amigas de D. del secundario eran tres coloradas (estuvo, según me contó, intermitentemente y secretamente enamorado de cada una de ellas) que eran dos de ellas escocesas (Mc algo) y una de ellas irlandesa (O’ algo). Nicolás no solo salió con estas tres chicas, cuando tenían algo así como 16 o 17 años, sino que desvirgo a una de ellas (Julia, que me pidió que preservara su identidad, y por eso elegí ese nombre tan empalagoso). Todo esto a instancias de D. que –hasta donde tengo entendido- disfrutaba ayudándolo. Alguna vez, una de ellas me contó que borrachos y en una fiesta (debían pasar por sus primeras borracheras) D. le confeso que a él le interesaba más Nicolás como personaje que otra cosa.
Alguna vez pude hablar de este tal Nicolás con D. y la explicación fue sencillamente encantadora. D. tenia estos momentos de mundanidad, donde se despojaba de su extrema sensibilidad y podía contarte algo tal como era:
“Nico cogia todo lo que quería en el colegio. Escuchame, los pibes –salvo él- éramos todos medio grandotes, coloradotes, robustos hijos de la gran bretaña de principios de siglo. Estas chicas, todas con su auburn hair, sacadas de un cuadro de un pintor prerrafaelista, lo único que no querían es una versión un poco más actualizada de sus viejos, que todavía  hoy se sientan y se emborrachan con Guiness para olvidarse de los quilombos. Morían por un morochito petiso, pintón, entrador y encima con apellido gallego. Como no iba a coger. Lo misterioso es como debutamos todos los otros ahí, en ese ambiente”
A ese tipo, y no al canon de la literatura angloparlante de finales de siglo XX, le debemos las mejores paginas de D.


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Comment by Kuchyne na mieru




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