Bienpensante


19
November 22, 2009, 6:54 pm
Filed under: ficción, habla, memoria, idealismo, pop

La primer maestra que recuerdo del colegio fue Miss Caroline. Tenia 7 años y fue nuestra maestra desde 2do año hasta 4to. No me acuerdo detalles de su vida, salvo que había nacido y sido criada en algún país británico, que hablaba un castellano casi te diría chapuceado y que tenia el pelo más hermoso que yo le haya visto nunca a una mina. Era un poco pajizo, levemente descuidado pero de un color castaño rojizo sorprendente, casi que nunca más vi ese color de pelo en mi vida –la misma descripción vale palabra por palabra, para describir el color de pelo de D. Entendámoslo: él no podía, bajo ninguna circunstancia, notar esos detalles.
Por supuesto, era linda, pero con 7 años uno (o al menos yo) no me fijaba ni en el culo ni en las tetas de una mina. Era linda en otros términos, iluminada, si querés. Miss Caroline marco a fuego mi preferencia por un tipo determinado de mujeres. Las maestras de inglés, se entiende, siempre tuvieron un lugar privilegiado en mi cosmovisión, no sólo porque desempeñaban un tarea a todas luces notable -enseñarle inglés a alguien- sino que además todas eran como una referencia, una cita al pie a Miss Caroline, que aún hoy, casi entrando a los 30 años, sigue ahí, guiándome.
Hoy no sé que será de la vida de ella. Probablemente se haya ido en el 2001, o incluso antes. Ya debe tener 50 o más. Sin embargo, aún hoy la recuerdo de veintipico, en las charlas que tenia con mi mama a la salida del colegio, cuando mamá todavía podía sostener esas situaciones, cuando todavía estaba “presentable”. Hablaban las dos, esas dos coloradas, una que tenia en mi casa, y la otra que tenia afuera, las dos únicas minas que yo podía tratar con soltura, sin la tensión del miedo a lo desconocido. Yo no era como Seymour Glass, que veía a una nena linda y de tanta belleza, tenia que tirarle un piedrazo en la cabeza para deshacer ese cuadro demasiado hermoso. A mi me daban bastante miedo, pero por sobretodo, vergüenza. Yo me limitaba a correr la cara, a irme, a dejar de mirar. Con mis amigos también me pasaba, pero como éramos todos pibitos y se ve que tampoco tengo una tendencia tan inclinada a lo soledad, me veía forzado a interactuar, a tratar de aprender a jugar al futbol, aunque no me gustara. El estereotipo de la gente como yo, en general, es gente que no tuvo nunca amigos y sin embargo yo tuve muchos, siempre. Se ve que pude desarmar eso, quien sabe, eso sí, en detrimento de que otra cosa
que…me anda haciendo falta


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