Bienpensante


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January 30, 2010, 6:54 pm
Filed under: ficción, habla, memoria, idealismo, pop

¿Cómo se retrata a un genio? ¿cómo se hace para mostrar la genialidad? En la época en que íbamos a la facultad, la categoría había entrado en desuso. Los tipos que te amasijaban ni bien entrabas a la carrera, te explicaban que no tenia ningún sentido sostener un centro de emanación así incognoscible. Sin embargo, había explicaciones que quedaban afuera. Éramos una grey (no tan) extensa de gente que mirábamos a los costados, con un poco de vergüenza y buscábamos nuestra misma cara de sorpresa en otra gente y no la encontrábamos. Todos movían la cabeza diligentemente, diciendo Sí! Pero a nosotros nos quedaban agujeros. Entendíamos perfecto, habíamos leído a Barthes, a Foucault, a la muchachada, pero igual el tironeo en el cuero cabelludo, ese temblor en la espina dorsal ellos no te lo podían explicar, no querían. De hecho Barthes, postulo, si no me equivoco “El regreso amable del autor”. Yo no llegué a leerlo. No sé que decía.
Pero bueno, sigamos con esa pregunta ¿Cómo haces? Porque en la época en que D. empezó a producir, en silencio, la genialidad volvía de a poco, en lugares puntuales. En House era fácil de ver, te metían a un tipo convulsionando, con manchas violetas, que no se mejoraba, que no se mejoraba, y de repente, a este pibe se le prendía la lamparita y pum, el flaco salía caminando del hospital, dándose un beso húmedo con su mujer, contento. Así era fácil. Pero yo no tengo una cura a mano. Yo tengo un enfermo al que decirle “levántate y anda” y listo, para que todo el mundo compruebe que efectivamente, sí, D. era un genio. Estoy buscando la manera, no crean que no. Supongo que me manejo mejor con la guitarra, pero ya escribí canciones sobre él y la gente interpreta cualquier cosa. Una chica una vez se me acerco y me dijo que una de mis canciones era una gran metáfora sobre la represión del mundo occidental capitalista para con las mujeres. Creo que no pude evitar hacer una mueca de horror. La canción creo que era algo así como S. peinándose en el espejo.  Una de esas imágenes que me deslumbraban.
Yo ya no sé si hablar de la vida del tipo, de la obra del tipo. D. era inabarcable, sus libros eran de una volatilidad total, flotaban casi. Eran de esas cosas a las que nunca pudimos referirnos pero que eran las más importantes. Como las cosas que veíamos a la mañana y nos reconfortaban, la intriga y la necesidad de ver a todas las parejas que se besaban en la calle, porque esas cosas te ponían contento, aunque le pasaran a otro. Las caras de alegría de los chicos. Las sonrisas a medias de la vergüenza de alguien, los tipos luchando con un paraguas ajado en medio de la lluvia que se enojaban pero terminaban riéndose, los amigos que le pedían caballerosamente a sus amigas que les mandaron un texto para avisarles que habían llegado bien a sus casas de madrugada. De las ensaladas de verano hechas con dos boludeces ricas. De todas esas cosas D. sabía hablar y a mi no me sale.


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