Bienpensante


26
February 23, 2010, 8:33 pm
Filed under: ficción, idealismo, pop

Un tipo que lo conoció poco y que trabajaba en un suplemento cultural escribió una reseña de su primer libro de cuentos, que apareció en Buenos Aires por obra y gracia de una amiga de S. que leyó en casa el cuento, pregunto si había más como esos, se llevo mi copia de los cuentos (sin autorización de D.), se los mostró a su jefe (un editor casi tan jovencito como nosotros, de un sello independiente) que a su vez, y sin decirnos nada, encontró el teléfono de D. en NY y le ofreció un contrato miserable, pero que implicaba la publicación de algo suyo. D no se pudo negar. Este tipo que escribió la reseña, un tal Diego Fisher, que según D. me contó después, había cursado con nosotros Literatura Europea del Renacimiento, lo pudo haber visto a D., con suerte, unas quince veces, algo así como la cantidad de clases que duró esa materia. En diez de esos encuentros debo haber estado yo también, aunque en ese momento –y mucho menos ahora- no me acordaba ni la cara de este flaco. Fisher, en esa reseña que a mi me pareció horrorosa –en principio, porque atacaba uno de los pocos libros con sensibilidad y sinceridad que salieron en esa época- decía una única verdad de los cuentos de D.: Eran autobiográficos. D. se puso como loco. Le reprochaba a la reseña lo único acertado. “¿Cómo puede ser boludo? ¿autobiográfico? Que me diga este boludo que libro no es autobiográfico, por dios.” La categoría a D. lo horrorizaba, no por lo que significaba, sino porque no tenia razón de ser, todos los libros que leía, que le gustaban, que estudiaba, eran autobiográficos, no había nada por fuera de eso. Decía que Fisher lo acotaba al circulo chiquito de la mal llamada literatura autobiográfica, por el solo hecho de poder confrontar un pedacito de un cuento con una escena que nos había tocado vivir a los tres. Y eso no era así, no sé trataba de trasladar literalmente, cambiando los nombres, las situaciones vividas. Era otra cosa, el tipo no entendía que no se trataba de pasar la realidad a  la ficción y chau, sino de una cosmovisión integral que entendía al imaginario como elemento inescindible de la realidad en su conjunto. Hubo que pelearse a los gritos en muchas fiestas, dejarse de hablar con mucha gente, tocar muchas puertas y salir golpeando muchas otras hasta hacerle entender eso a alguien.

FIN DE LA PRIMERA PARTE


2 Comments so far
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ey, hola!
por ahí es un poco vacío el comentario, pero… qué lindo blog!
no lo leí mucho porque soy un poco vaga para la lectura, pero de a poco prometo hacerlo.
saludos!🙂

Comment by eliana

Sos la lectoria ideal entonces, porque yo soy muy vago para escribirlo.
Muchas gracias por los cumplidos.

Comment by Dam




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